Por qué tal vez no valga la pena leer el libro de ‘El fraude del arte contemporáneo’ de Avelina Lésper

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El pasado sábado, 17 de junio de 2023, en el marco de la Feria Internacional del Libro y los Medios Audiovisuales de Querétaro (FILMAQ), asistí, junto con un grupo de artistas y colegas, a la presentación del libro El fraude del arte contemporáneo de Avelina Lésper, editado por Madreditorial y publicado a comienzos de año. En principio, el evento sería una presentación del libro por parte del actual director del Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro, Raúl García Sangrador, pero un día antes del evento, en el diario El Universal de Querétaro, Rocío Benitez publicó una nota donde se relata cómo Avelina se comunicó con el director del museo para decirle que no precisaba de su presentación, que ella podía hacerlo sola.

Promocional de la Feria Internacional del Libro y Medios Audiovisuales 2023 de la presentación del libro El fraude del arte contemporáneo de Avelina Lésper por parte de Raúl García Sangrador.

El grupo de artistas y colegas con quienes iba, asistimos en principio por la incongruencia que representaba que un director de un museo de arte contemporáneo presentara un libro que describe al arte contemporáneo como carente de valor estético, falso, fallido, de nula propuesta y como un retroceso en la inteligencia humana. Pero como ya anticipaba la nota de Rocío, Raúl se había bajado del carro –o lo bajaron–; si asistía al evento, dijo el director, lo haría como “parte del público, ocupando una silla como cualquier persona… no como representante del museo”.

En el evento se encontraba la secretaria de cultura Marcela Herbert Pesquera y varias otras personas más de su equipo. La secretaria se tomó múltiples fotos con Avelina y parecía muy complaciente de su presencia en la FILMAQ. Nos preguntamos entonces, entre colegas, sobre la postura política de la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro hacia un libro como el que presentó Avelina: ¿se adscribe a su contenido? ¿Lo cuestiona? ¿Lo secunda? O su postura es “neutral” e ingenua ante publicaciones como ésta, cuyo discurso incita al odio, pues actúa de manera discriminatoria, provocando rechazo a un grupo específico de personas –en este caso, quienes producen arte contemporáneo– inferiorizándoles y denigrándoles.

Su discurso es de corte humanista: valora la razón, la inteligencia y la belleza por sobre todo lo demás; el contenido del arte debe tratar asuntos universales y por tanto, todo lo político, lo coyuntural, lo situacional queda relegado y categorizado como aquello que está “de moda”.

La “presentación” del libro fue un monólogo sobre cómo, en el presente y de manera generalizada, estamos perdiendo los rituales y sobre cómo es preciso retomar una actitud ritualista, contemplativa y reflexiva ante la vida (en general) y ante la producción y el consumo artístico (en particular). Avelina habló de una manera políticamente correcta, tocó muy poco el contenido de su libro y se abstuvo de tomar el mismo tono despectivo con el que lo escribió. Más que una presentación del contenido del libro, nos platicó sobre sus consideraciones del porqué lo escribió. Y gente, ese era su objetivo: generar expectativa, asegurando el interés por el público de comprar su libro.

Fotografía de la portada y la contraportada del libro El fraude del arte contemporáneo de Avelina Lésper.

Ya que ella no lo hizo, a continuación te cuento un poco sobre el contenido del libro, por qué lo leí y por qué te advierto que tal vez no valga la pena que tú lo leas. En principio, compré y leí el libro porque quería conocer de primera mano su contenido y entender hasta qué punto éste se sale por la tangente, al realizar juicios de valor y denuncias no sólo al arte contemporáneo como categoría anónima, sino a artistas particulares cuya obra no baja de infrainteligente, aparente y falsa. Avelina critica la práctica de artistas como Marcel Duchamp y Andy Warhol, Joseph Beuys, Marina Abramovic, Yoko Ono, Frida Kahlo, Leonora Carrington, entre otras cosas, por proponer un algo otro al sistema hegemónico androcéntrico, clasista y elitista.

En el caso de Frida Kahlo y de Leonora Carrington, cataloga sus obras como feministas, más cercanas a la terapia que al arte. “Con graves problemas de composición, de concepción anatómica y resolución de espacio”, escribe Avelina, “[Kahlo y Carrington] siembran una idea que más tarde será la razón de ser de miles de mujeres artistas y un chantaje artístico-social: el retorno femenino, el cuerpo y la intimidad pueden ser un asunto político (120).”

A Beuys le critica su iniciativa de pensar que todas las personas podemos formar parte del acto artístico, que el arte tendría que democratizarse. Avelina se jacta y se burla de la sugerencia de Beuys, manteniendo un tono clasista y elitista sobre quién puede hacer arte: claramente no cualquiera sino una persona virtuosa. “Esta noción demagógica, fantasiosa e irresponsable del arte [la de Beuys], se basa en una gran mentira. Beuys”, afirma la autora, “democratizó a la mediocridad” (47).

En su libro, Avelina defiende la existencia de un verdadero arte, como si regresara a una filosofía de las ideas donde la esencia de las cosas humanas existe en un mundo paralelo al que habitamos. En su presentación, Avelina habló sobre virtudes, diferenciándolas de las habilidades, que para ella, son meramente utilitaristas. En su discurso, se percibe una melancolía sobre un pasado mejor, un algo que nos ha sido arrebatado y que debemos recuperar a toda costa si no queremos mantener la crisis de sentido y de identidad en la que vivimos.

Curiosamente, para hacerlo, dijo Avelina en su presentación, es necesario volver a la reflexión individual, al ritual ensimismado. Su discurso es de corte humanista: valora la razón, la inteligencia y la belleza por sobre todo lo demás; el contenido del arte debe tratar asuntos universales y por tanto, todo lo político, lo coyuntural, lo situacional queda relegado y categorizado como aquello que está “de moda”. Y entonces, yo me pregunto, cuáles serán esos asuntos universales que sí merecen la pena ser retomados, porque me queda claro que desde la postura de Avelina, el arte no debería de ser político, porque eso no debería de competerle sino crear piezas bellas, que puedan ser contempladas pasivamente, desde la espectaduría de un mundo plagado de intolerancias, que se desborda de mecanismos de discriminación legitimados y violencias naturalizadas.

El fraude del arte contemporáneo es un libro escrito desde la visión de una persona con una clara superioridad moral, que constantemente cae en reduccionismos, falacias y contradicciones. La lectura se vuelve pesada, el contenido del libro está repleto de juicios de valor, de meras opiniones de una persona que habla desde una posición de privilegio, burguesa, humanista, machista y clasista. El verdadero arte, nos dice, es aquel que está hecho con maestría, que es virtuoso, que es trascendental. Ella critica que la producción artística actual no es bella sino abyecta, habla de temas políticos que no le competen y carece de sentido. Entiendo que sus comentarios van hacia un tipo de arte cuyo máximo objetivo es vender, pero al generalizar y meter a todo el arte actual dentro de la categoría de arte VIP (video, instalación y performance), como le llama ella, se cuelan otras particularidades que en un discurso reduccionista y simplista como el de Avelina, no se enfocan ni se atienden.

Particularmente, no disfruté la lectura; a cada cambio de párrafo, vuelta de página, paso de capítulo, iba acumulando el mal sabor de boca. Me preguntaba constantemente cómo es posible que una persona dedique su tiempo a escribir líneas sobre el arte contemporáneo, como la que sigue:

No es un reflejo de nuestra sociedad, no hacen denuncia, no es una protesta social, es parte del problema de degradación que estamos padeciendo… El desprecio endémico que tiene por la belleza y la inteligencia, la persecución que ha montado en contra del talento, el menosprecio por las técnicas y el trabajo manual, están reduciendo el arte a una deficiencia de nuestra civilización… Son obras que no generan conocimiento, que están destruyendo siglos de construcción intelectual alrededor de la creación de belleza, del proceso cognitivo para la recreación de la realidad y la complejidad de nuestra psique, y a cambio nos dejan el facilísimo de la ocurrencia, obras que no exigen el menor esfuerzo, reactivas y sin trascendencia (59).

Éste es un pequeño fragmento que les comparto pero el tono del libro va por ahí: valores estéticos trascendentales y universales antepuestos a las teorías críticas del humanismo como proyecto “civilizador”.

Mis recomendaciones:

  1. Si eres una persona lectora que disfruta de leer un libro que construya, éste no es el libro para ti.
  2. Si disfrutas leer libros cuyo contenido está bien fundamentado, es coherente y no cae en contradicciones y falacias, éste no es el libro para ti.
  3. Si reconoces que los ideales humanistas, androcentristas y falogocentristas –incluyendo el individualismo– son, en parte, los que nos han llevado a la crisis política, económica y sociocultural en la que actualmente nos encontramos, quizá éste no sea un libro para ti –o sí, pero para contrarrestarlo, aunque podría ser que al final del día consideres que tu tiempo no merecía ser usado para estos efectos.
  4. Si crees que las esencias existen, incluyendo el “verdadero arte”, puede ser que éste libro sí sea para ti; pero si consideras que la rigurosidad académica es importante, entonces, éste no es el libro que buscas.

La cuestión es que hay tantos otros libros que abordan temas similares pero desde lo afirmativo (abajo te recomiendo algunos), que valdría más utilizar nuestro tiempo de lectura en ellos, que leyendo el libro de Avelina. Así que si aún no lo has adquirido ni lo has leído, ya sabes, tal vez valga más la pena usar tu tiempo en otras lecturas que en ésta.

Recomendación de lecturas:

  • Museología radical: o ¿qué es “contemporáneo” en los museos de arte contemporáneo? de Claire Bishop
  • Caosmosis de Felix Guattari
  • El malestar de la estética de Jacques Rancière
  • El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna de Gianni Vattimo

Y si de plano te late el arte como esencia, lee a Platón o a Martin Heidegger y si además coincides con ideas humanistas, lee a Aby Warburg, a Erwin Panofsky o a Ernst Gombrich.

6 comentarios en “Por qué tal vez no valga la pena leer el libro de ‘El fraude del arte contemporáneo’ de Avelina Lésper

  1. Avatar de Alma Delia
    Alma Delia dice:

    A mi sí me gusta el tono en que esta escrito el libro, y si considero que hoy cualquiera cree que es artista solo porque sí, sin mayor merito, ni esfuerzo, ni trabajo, ni disciplina; solo son productos del mercado de arte. Cotizan por millones mucha basura, pero eso tristemente, es reflejo de nuestros tiempos de podredumbre capitalista y vacía de valores verdaderos.

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  2. Avatar de GAMMNE
    GAMMNE dice:

    Yo en este momento no me podría considerar un artista, pero estoy en formación; tuve una formación académica lo cual a mí consideran no es suficiente y por ello lo sigo haciendo por mi cuenta.

    En un inicio cuando escuche de los Preformance, Instalaciones, Happening conceptual art, etc. del arte contemporáneo; lo considere una estupidez y lo sigo considerando y estoy de acuerdo con Avelina Lésper en considerarlo MEDIOCRE, pero de la misma forma podría considerar un cuadro de Salvador Dalí, Edgar Degas, etc. Claro considerando que sus obras no contaran con algún concepto o razón de ser, solo por ser lindo (por las tendencias de estética o por llevar la contraria), lo hice por hacer. Hay una ausencia de intelecto y no me refiero a las técnicas, composición de la imagen y más por considerar.

    Podría mencionar a la semiótica, la filosofía y más….

    Se podría considerar que es la misma premisa con el arte contemporáneo, la ausencia de técnicas, creatividad, métodos y esencia humana. No se perciben a simple vista.

    Desde mi punto de vista y experiencia con este mundo debería de existir un equilibrio entre ambas:

    El arte contemporáneo «DEBE DE HACER USO DE TÉCNICAS Y CREATIVIDAD» al punto en que el artista logre emitir un manejo y en constante perfeccionismo de ello. Así como el arte clásico ha demostrado y seguirá demostrando una impecable manejo de la semiótica, filosofía, física, matemáticas, biología, psicología, sociología, antropología, etc. para denotar sus obras de INTELECTO

    P.D.

    Esta opinión sobre el libro de Avelina Lésper con cólera ya que tu gusto y tendencia de arte esta más inclinada al contemporáneo y quiza en algún momento quizo intentar con las artes clásicas.

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  3. Avatar de Jose Grimalt
    Jose Grimalt dice:

    Soy artista con lo cual me considero en derecho de poder hablar y opinar la belleza o no belleza de una obra indudablemente es necesario en un mundo tan mediocre y repulsivo como el que estamos viviendo todos los pintores que han participado en ese contra mundo de lo bello son culpables de la decadencia del arte en este siglo algún día se les pedirá cuentas pero claro la mayoría de esta gente que hace arte conceptual y pintarrajeadas no tiene ninguna base ni fundamento es necesario acaso ser un gran técnico para poder hacer arte no pero lo que hagas debes de hacerlo con conciencia si es para ti para tu chalet o tu casita de campo y quieres pintar el corral de las gallinas de colores estridentes y frases abruptas adelante pero si eres un artista y tienes la necesidad de mostrarlo al mundo tiene que ser por un motivo concreto aparte de 1 que sí que consigues si eres artista contemporáneo repulsión hastío y lo peor de todo es que hay gente con poco criterio artístico le confundes le confundes y te haces llamar artista denigrando a tus compañeros auténticos artistas esta moda pasará cómo pasaron Turner Leonardo da Vinci pero de ello se hablará y de vosotros no quedará ni polvo ni cenizas el artista busca la trascendencia y si no vuelve a su corralito a pintarlo de colores es una absurdez suma los intelectuales esto entre comillas búscame el esnobismo y la diferenciación a través de la mediocridad vuelvo a repetir que el culpable de esta degeneración pictórica amparada por seudo vanguardistas es los artistas ellos son los que han llevado este mundo por ceder por ser cobardes por no tener valía ni conocimientos al caos absoluto y la pérdida del valor del arte dígame ustedes y ahora realmente el público la humanidad está interesada en ir a ver museos o ver galerías de arte la mayoría de ellas han cerrado los museos intentan ponerse a la moda y no saben para dónde van hacen exposiciones temporales de arte los museos clásicos parece que se avergüenzan y andan metiendo una obrita aquí y otra horita ya posmoderna el arte ha muerto gracias a vosotros mediocres

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